Durante millones de años de evolución, las hormigas han desarrollado relaciones muy curiosas con muchas especies diferentes de plantas. La mayoría de estas asociaciones son vagas: las hormigas encuentran un lugar donde vivir en las plantas sin causarles daños ni beneficios. Suelen habitar en tallos muertos huecos o en el poco suelo que se acumula en las ramas. Así, viven en los árboles y en la hierba, excavando cámaras para alojarse y buscando alimento. En un solo árbol de la cuenca del Amazonas en Perú se hallaron hasta 72 especies distintas de hormigas.

Pero en algunas relaciones entre plantas y hormigas, ambas partes dan y reciben. Las plantas que mantienen estas asociaciones mutualistas se llaman plantas-hormigas. Muchas de ellas son hermosos ejemplos de coevolución, ya que se han adaptado, junto con las hormigas asociadas, para prosperar en zonas pobres en nutrientes.

 hormiguita
En las relaciones planta-hormiga, las hormigas aportan nutrientes, protección y cuidados de limpieza. Las plantas proporcionan alimento y refugio a las hormigas. En este tipo de asociaciones algunas hormigas sirven a sus huéspedes como fieles centinelas: repelen o matan a los intrusos molestos como escarabajos y orugas. Otras fertilizan a sus huéspedes con los deshechos de la comida que arrastran a su hogar para alimentarse. A cambio, muchas plantas han desarrollado estructuras especiales para albergar y alimentar a las colonias de hormigas, entre ellas hojas con cavidades y semillas con revestimientos o partes comestibles. Con frecuencia, las plantas y las hormigas acaban por ser tan dependientes unas de otras que no pueden vivir separadas.
National Geographic. Vol 4. Nº 2. Febrero 1999. Página 126.